La tortura dels deures

Estàndard

Al Blog Educadores 21, del Víctor Cuevas, he trobat una molt interessant entrada que parla dels deures que els profes posem als nostres alumnes perquè els facin a casa. Em sembla una reflexió molt encertada i, amb el seu permís, la comparteixo amb tots vosaltres.

Hace tiempo que vengo reflexionando sobre la utilidad de los deberes, de modo especial en Infantil y Primaria. Como maestro que soy, siempre he mandado deberes a mis alumnos, unos deberes que complementaran algo de lo visto en clase o que motivaran a seguir investigando para después continuar en la clase con la actividad. Jamás los deberes los he planteado para trabajar en casa lo que no he podido trabajar en el aula, no es el objetivo. He de aclarar que nunca he usado libro de texto, así que los deberes que he mandaba no eran del tipo:

Página 45, ejercicios 1, 2, 3 y 4 (copiando el enunciado en el cuaderno)

Memorizar la lista de verbos hasta el “to take”

Aprenderse los ríos, cordilleras y pantanos de la C. de Madrid…

Mis deberes eran más bien del tipo:

Pregunta a tus padres o abuelos una adivinanza y mañana nos la cuentas.

Busca una poesía que te guste y te la aprendes para que nos la cuentes en clase

Escribe una pequeña redacción sobre el tema que hemos visto en clase

Apréndete el papel que vas a representar en la obra de teatro

Resuelve el problema semanal…

Los deberes no son malos en sí mismos, desde luego porque pueden ayudar a mantener el hilo de algo que se trabaja en clase y porque ayudan a crear un hábito de trabajo. Los deberes refuerzan los aprendizajes que se adquieren en el aula, sin duda. Pero para que los deberes sean educativos y cumplan esa función, tienen que tener relevancia con lo que se trabaja en clase y no ser una mera repetición automática de lo mismo. Ya sé que para aprender las tablas de multiplicar hay que aprenderlas de memoria y que hay que mandar deberes en este sentido, pero hay formas de hacerlo que motivan y formas que no. Además, los deberes deben estar acordes con las capacidades de los niños. Me sorprendo cuando veo contenidos que van mucho más allá de las capacidades cognitivas que tienen los niños para entenderlos.

Además, es imprescindible que los niños jueguen, desarrollando así su personalidad a través del juego y que cultiven sus intereses con el deporte, la música, el arte… Desgraciadamente, es habitual que los deberes estén sobredimensionados, ocupando la mayor parte de la tarde ignorando que las jornadas de nuestros niños comienzan en la mañana y acaban en la tarde. Como premio, tras llegar a casa y merendar, a seguir con lo mismo. ¿En qué país vivimos?

Recuerdo una infancia feliz en la que pasaba todo el tiempo jugando y aprendiendo cosas importantes.

Hoy día es imposible plantearse que un niño de Primaria se pueda plantear la tarde disfrutando de su infancia, del juego y de la socialización. Los deberes (y el exceso de actividades extraescolares) lo impiden.

Los ejercicios 6, 7 y 8 en lápiz en el libro

Los ejercicios 10, 11 y 12 en el cuaderno, copiados en azul y contestados en lápiz.

Copia el esquema en el cuaderno

Estudia de memoria los “recuerdas” de todo el tema

El planteamiento actual de los deberes es una barbaridad, es una tortura que implica a los niños y sus familias. Listas interminables de ejercicios repetitivos, sin aparente lógica que la de “acabar el programa/tema”, en los que sólo se trabajan conceptos memorísticos y está ausente el desarrollo de las competencias, desde luego. Es tal la cantidad de deberes y la exigencia de los mismos, que las familias tenemos que hacer los deberes con nuestros hijoss para que éstos acaben alguna vez, animándoles en sus enfados, sus cansancios, sus rabietas, sus frustraciones porque quieren jugar. Es tal la cantidad de deberes que el estrés por acabar inunda la tarde. Me pregunto si los maestros aficionados a mandar tantos deberes “porque tienen que aprender a esforzarse” se ponen en lugar de los niños y sus necesidades.

Para más inri, se da el caso de que en algunas de esas listas de ejercicios “se cuela” alguno que pone algo así como:

En grupo, haced esto o aquello…

– Hija, aquí pone hacer “en grupo”

– No papá, la profe ha dicho que lo hagamos individualmente

Este tipo de deberes está directamente ligado al hecho de usar el libro de texto como prácticamente el único referente del aprendizaje en el aula y como, de facto, el currículo oficial. El libro de texto, con sus interminables listas de ejercicios, con un planteamiento unidireccional pensado para que el lector responda lo que se pide ciñéndose a los contenidos, está directamente relacionado con una enseñanza tradicional, transmisiva, repetitiva y memorística. El uso del libro de texto no permite desarrollar competencias en los alumnos y limita el tipo de aprendizaje al repetitivo. No nos engañemos, el libro de texto y los deberes van en el lote. Habrá excepciones, desde luego, pero son minoritarias.

En este país nuestro, desgraciadamente, con saber usar un libro de texto y mandar deberes, muchos piensan que enseñan. Me duele decir esto, pero lo siento y lo sufro a diario, viendo como mis hijas han consumido muchas horas de la infancia clavadas todas las tardes a la mesa haciendo los deberes, eso sí, en aras de su aprendizaje, un aprendizaje que se iba tan rápido como venía.

Como padre y maestro reivindico unos deberes ligados a una enseñanza distinta, en la que aprender no sea aburrido, en la que investigar y descubrir el mundo sea el eje sobre lo que todo pivota y, desde luego, en estas edades, dejen tiempo para vivir, para jugar, para aprender, para ser felices.

 

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